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La sabiduría en Grecia e Israel

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"La sabiduría les proviene a todos del conocer... Son más sabios... en cuanto poseen la razón y conocen las causas... Es evidente, entonces, que la sabiduría es ciencia de causas y de principios"

Aristóteles, Metafísica.

"El temor de Yahvéh es el principio de la ciencia; los necios desprecian la sabiduría y la instrucción".

Prov. 1,7.

INTRODUCCIóN   

     Un ideal humano generalizado entre los griegos fué la sabiduría, sofía, o llegar a ser un hombre sabio, sofoV anhr. Esta virtud tenía toda la prestancia y nobleza, asociada a una larga tradición de formación integral, que tenía como meta la felicidad y un comportamiento armónico con el cosmos y la sociedad.

     Por su parte, la cosmovisión hebrea tiene de la sabiduría una apreciación diferente, que la podemos inferir de este pasaje de Proverbios "El temor de Yahvéh es el principio de la sabiduría" o de este mensaje de San Pablo a los Corintios "La sabiduría de este mundo es necedad delante de Dios". Dichos pensamientos tienen igualmente una larga tradición en la cultura hebrea, para la que la sabiduría de Dios sostiene y está presente en toda la historia del cosmos y del hombre, pero en particular en la historia de Israel. Por eso, la sabiduría de Dios es santidad, es alianza, es ley, pero también perdón y misericordia. Está al comienzo, pero también estará presente al final de los tiempos, cumpliendo la promesa de nuevos cielos y nueva tierra para todos.

     De estos dos enfoques se deriva que estamos ante dos pueblos y culturas, cuya percepción de su origen y su ethos camina por sendas aparentemente diferentes. Por eso, importa saber qué es la sabiduría, cuáles son sus características, los tipos que existen y sus alcances antropológicos, que históricamente cada pueblo fue conquistando y modelando en su propia cultura. ¿Existe alguna aproximación entre ambos enfoques? A continuación examinemos estas inquietudes.

1. La Sabiduría y su fin supremo: la verdad, alhqeia   

     Los orígenes de la sabiduría griega hunden sus raíces en la sabiduría oriental: sumeria, asirio-babilónica, egipcia, fenicia,etc. Esta influencia fue reconocida por los más destacados pensadores de la cultura helénica, como Herodoto, Platón, Aristóteles. Tal influencia aparece en la técnica, las artes, las ciencias, la religión y la sabiduría.

     Sin embargo, la sabiduría griega, desde sus comienzos, estuvo marcada por una innata y característica curiosidad, que llevó a los helenos muy lejos en las reflexiones y sistematizaciones acerca del cosmos, de la vida y del alma, superando en mucho a sus viejos maestros y vecinos.

     Un significativo paso dentro del desarrollo del pensamiento griego lo da Sócrates, para quien la meta suprema del conocimiento humano es conocerse a sí mismo y conocer las cosas más elevadas y divinas. Aquí el fin supremo de la sabiduría es la virtud, de modo que el hombre sabio es un hombre moral y la verdad socrática el bien moral. A partir de Sócrates la sabiduría, como parte del más alto ideal de los griegos, la areté, no dejará de tener en el futuro una clara connotación moral.

     Platón, impactado por el maestro, Sócrates, prosiguió la investigación sobre la naturaleza de las cosas más elevadas y divinas. Por eso, para él la sabiduría es conocimiento de las esencias o ideas permanentes, que solo pueden ser contempladas por la inteligencia, nonV, regidora del alma. Este tipo de conocimiento produce una ciencia verdadera por cuanto se nutre de verdaderos entes, no sujetos al cambio. Esta ciencia está por encima de la experiencia, pero debajo de un conocimiento superior que es la dialéctica, saber o visión del conjunto, contemplación y amor de las esencias puras, incambiables.

     Así la sabiduría en Platón es búsqueda y amor de las ideas, que son entes reales, no mentales. Son bellas en sí porque participan de la misma Belleza. En consecuencia la sabiduría como virtud es un ideal moral que va configurando estéticamente el alma en ese acercamiento a las verdades, que son las ideas eternas, modelos y causas finales de todas las cosas. El sabio es por tanto el que posee la virtud de la contemplación.

     La Metafísica de Aristóteles nos ofrece una nueva visión del mundo de la sabiduría humana. Si Platón a través del conocimiento nos eleva y nos diviniza al ponernos en contacto con las esencias puras y divinas, Aristóteles nos diviniza igualmente, pero a la inversa, llevándonos al mundo de las cosas. El saber para Aristóteles es una forma de poseer la verdad de las cosas.

     En relación al proceso de posesión establece tres maneras de acceder a la verdad de las cosas o al desocultamiento de las cosas: una es la tékne, otra es la phrónesis, o prudencia, la tercera es la epistéme, o conocimiento del porqué universal y necesario de las cosas, y el cuarto modo o grado de posesión, el más profundo y completo conocimiento,es la sofía, o sabiduría. De esta manera, el desocultamiento permite llegar a las sustancias primeras o theoi, porque nos ofrece las explicaciones más completas concernientes a los primeros principios.

     La sabiduría en Aristóteles es la vida más plena, porque es una vida conforme al intelecto, que es lo que principalmente constituye al hombre. Esta vida es superior a la humana, pues el hombre, afirma Aristóteles, no la vive como hombre, sino en tanto algo divino se halla presente en él.[6]

     ¿Qué es, en cambio, la sabiduría para los hebreos? ¿Cuál es el fin supremo de la sabiduría israelita? La sabiduría de los sabios es necedad ante los ojos de Dios. Los israelitas por diversas circunstancias culturales y de exilio tenían conciencia del peso de esta sentencia. La alianza, brit, y la ley, torá, asimiladas en la conciencia colectiva los hacía discriminar y reafirmar su alianza y por tanto su distancia cultural frente a otros pueblos.

     La sabiduría, hokmá, entre los hebreos tiene un profundo sentido religioso moral. Presupone una elección, una alianza y una ley. Tiene el significado de prudencia, saber, reflexión, superioridad espiritual. En este contexto, la literatura sapiencial hace una diferencia entre la sabiduría profana y la sabiduría divina. El hebreo, por tanto, distingue y debe ordenar su vida en función de la sabiduría divina. Por eso, Isaías advierte "sobre los sabios a sus propios ojos y para sí mismos discretos", y más adelante señala: "por eso, he aquí que yo...perderé la sabiduría de sus sabios y eclipsaré el entendimiento de sus entendidos".

     Así, la meta de la sabiduría del hebreo es "el temor de Dios". Aquí temor no significa miedo, distanciamiento, sino, por el contrario, reconocimiento de la santidad de Dios, prudencia, reconocimiento de la acción liberadora y santificadora de Dios a lo largo de la historia personal y colectiva del pueblo de Israel, de donde, en consecuencia, proviene el temor a ofenderle y a violar la alianza, brit.

     ¿Cómo se adquiere esta sabiduría? Esta sabiduría no es como en la cultura griega producto de un esfuerzo, dedicación y heroísmo acrisolado en la contemplación y en la práctica del bien. Aquí la sabiduría viene de arriba y es gratuita completamente. Está asociada a la fe, que es fidelidad a la alianza. Por eso, una vez aclarado este fundamento histórico religioso, la literatura sapiencial abunda en recomendaciones de cómo adquirirla: a través de la piedad, la lealtad, la confianza, el reconocimiento. El que la alcanza no es llamado sabio, como entre los griegos, sino justo, santo.

2. La Personificación de la Sabiduría   

     Entre los griegos la personificación de la sabiduría,como ideal intelectual y moral, se centra en el sabio, sofoV anhr. El modelo educativo del héroe epopéyico de los cantos homéricos sufre una transformación interior y se convierte en el héroe sabio, que conoce el bien y no puede dejar de practicarlo. En esta concepción del sabio se da una fuerte influencia pitagórica, para quien la ciencia tiene un fin purificador y liberador del mal hacia el bien. Por tanto, la vida concreta del griego y en particular del sabio está dominada por una concepción bipolar-dialéctica de las fuerzas de la naturaleza: luz y sombras, alma y materia, bien y mal.

     En Platón el filósofo es la personificación de la sabiduría. Es un hombre con una vocación especial, con una disposición hacia las cosas más elevadas de este mundo. ¿Cómo son estos hombres? Platón los describe como una progenie selecta, grávidos de alma, o como seres alados, que una vez que han contemplado la belleza, sólo desean volar hacia arriba, olvidándose de las cosas de aquí abajo. Padecen a los ojos de los mortales de una locura insensata por preferir las cosas divinas. Por sus conocimientos y por sus virtudes morales los filósofos deben, según la sabiduría platónica, liderar la organización social y civil

     Para Aristóteles los que poseen la sabiduría, como una pasión intelectual, reciben el nombre de sophós. Ser un sophós, sin embargo, implicaba entre otras cosas haber alcanzado y tener por lo tanto un conocimiento exacto de las cosas, exactitud que debe ser lograda a través de un conocimiento sistemático y riguroso. De aquí se desprende que el saber del sophós no es una mera opinión, o un saber basado en fuentes secundarias; es un saber rector que está por encima de los demás, pues su fundamento son los primeros principios. Pero también en el sophós aristotélico está presente la nobleza del héroe homérico, ya que este saber no es interesado, no busca utilidad, sino que es una acción pura que se basta a sí misma, es pura praxis, y desde este sentido es plenamente humana. De aquí se sigue que el sophós como personificación de la sabiduría es un modelo moral en el que se da la vida theoretica más elevada y la máxima felicidad

     Por su parte, en la literatura bíblica la personificación de la sabiduría aparece poéticamente expresada de muchas maneras. En primer lugar, la sabiduría aparece "junto a Dios" en la creación del universo, dando la impresión de ser una persona distinta, o una intermediaria entre el mundo y Dios. Pero el mismo Libro de Proverbios se encarga de despejar esta duda, cuando afirma que la sabiduría fue creada antes de todas sus obras más antiguas y modelada desde la eternidad. Entonces, la sabiduría es Dios mismo revelando su plena conciencia de la perfección de su acción creadora.

     Sin embargo, en los versículos siguientes a este texto la sabiduría aparece también personificada entre los hombres, al afirmar que "sus delicias están con los hijos de los hombres". Aquí esta personificación es un proceso de configuración con el más alto y único modelo de santidad que es Dios mismo, de donde proviene toda sabiduría. Paso seguido, el escritor sagrado invita a acogerla interiormente, a realizar una transfiguración religioso moral, "a hacerse sabios". Pero esta invitación casi es un imperativo moral, pues acogerla significa la vida, y rechazarla, por el contrario, significa la muerte.

     Pero más que significar la vida, la sabiduría se personifica como amor, como amada, que realiza desposorios con el alma para inducirla en la práctica del bien y en la recta posesión de todos los bienes. Con fuerte influencia del pensamiento griego, también en el Libro de la Sabiduría, aparece generando las demás virtudes y, en particular, la templanza, la prudencia, la justicia y la fortaleza], virtudes de ascendencia helénica y que más tarde los teólogos medievales van a denominar cardinales por su carácter fundamental en la formación moral del hombre.

     En la literatura profética apocalíptica encontramos de nuevo otra personificación plena de la sabiduría. Isaías anuncia que del tronco de José brotará un vástago, que estará lleno del espíritu de Yahvéh, que es espíritu de prudencia y de sabiduría, espíritu de consejo y de valentía, espíritu de ciencia y de temor del Señor. En este vástago la historia de la sabiduría de Israel alcanza su pleno sentido, por cuanto la alianza, el temor de Yahvéh, la justicia y la santidad adquieren valor universal.[

3. Alcances antropológicos de la sabiduría griega y hebrea   

     En el pensamiento clásico griego Sócrates representa un peldaño hacia una mayor y más completa concepción del hombre. Con el se entra en un proceso de autoconocimiento de la complejidad del ser humano que no tiene fin aun en los tiempos de la posmodernidad. La prioridad de Sócrates, hemos dicho arriba, está en la conducta moral del hombre, por eso tres conceptos dominan su mundo moral: agathón, el bien, areté, la virtud, y eudaimonía, la felicidad. Estas ideas, como ideales morales, son la herencia socrática y el principio motor de profundas reflexiones en sus discípulos y posteriormente en la cultura occidental.

     Con Platón se nos amplía la visión acerca del hombre. No sólo hace referencia a los valores morales del hombre, como continuación de la reflexión socrática, sino también se refiere a su naturaleza compleja, al dualismo metafísico inserto, pensamiento que va a tener implicaciones en la religión, en las filosofías idealistas, en el arte y en la política. Derivado de este dualismo antropológico, el hombre es alma más que cuerpo. La naturaleza de esta alma tiene un origen superior de modo que preexiste al cuerpo, en donde es encarcelada para cumplir una cadena catártica de reencarnaciones.

     Esta preexistencia del alma caracteriza esencialmente su naturaleza y sus funciones elevadas y sublimes, por lo que se constituye en principio de todo movimiento en el cuerpo, sin perder su cualidad de inmortal. A este nivel Platón nos da a conocer una vez más la doble fuerza que se anida en las entrañas del alma: por una parte es una realidad supramundana, que aspira y es atraída por las esencias puras, que son las ideas eternas, pero por otra parte también es principio de vida corpórea, por cuya unión resulta dotada de thymos, ánimo o fuerza de voluntad, inclinada a los afectos sensibles, y dotada de epithymía, o concupiscencia.

     Derivada de esta concepción antropológica, la ética platónica es una ética del placer sublimada y espiritualizada, por cuanto su motivación ideal es la belleza y su razón, el goce desinteresado de las cosas sensibles en tanto que en ellas se da la parousía o presencia de las esencias puras. La sabiduría platónica termina por ser una virtud noética del alma, ordenada a la contemplación del Bien y al disfrute que éste produce.

     Frente a esta visión espiritualizada, Aristóteles nos ofrece una visión inmanentista del hombre con su teoría del hilemorfismo. Según esta teoría, el hombre es una unidad sustancial, un ser natural dotado de la capacidad de autorreflexión, sin dejar de ser de este mundo natural y de sufrir las vicisitudes de su propio mundo.

     ¿En qué marca su distanciamiento respecto a Platón? El énfasis de su aporte está en dar a conocer el carácter sociable y político del hombre. En consecuencia, el Estado es un producto de la naturaleza, responde a la necesidad imprescindible de organización y ordenamiento de los individuos hacia un telos social, que es el bien común.

     Así, la visión aristotélica referida tanto al ser del hombre como a su comportamiento está enraizada en una racionalidad teleológica natural en la que la felicidad suprema está en desocultar las sustancias o theoi de las cosas.

     ¿Qué es el hombre para la sabiduría hebrea? ¿Qué es lo que el hebreo ha pensado y expresado a través de la literatura bíblica acerca del hombre? La visión hebrea del mundo parte de una reflexión íntima, subjetiva antropológica, religiosa. A diferencia de los griegos, quienes comenzaron sus reflexiones filosóficas a partir de la naturaleza circundante, el hebreo explica su mundo y al hombre a partir de una acción divina creadora. Antes de esta acción no existe más que caos, y bajo el llamado a la existencia de parte de Dios el universo, el tiempo y el hombre existen. De esta manera el hebreo rompe con la sabiduría común emanacionista de los pueblos vecinos para afirmar la trascendencia de Yahvéh.

     El hombre es creado a imagen y semejanza de Dios. Esta idea es de por sí clara, pero para que sea interiorizada como una lección es repetida una vez más: "a imagen de Dios lo creó". En el futuro toda la literatura bíblica va a volver sobre este hecho soberano y de particular predilección respecto al hombre en el orden de la creación. El hombre en respuesta debe moralmente imitar a Dios, en sus principales cualidades que lo caracterizan: santidad, justicia, amor.

     Pero la imitación de Dios no es un problema simple, ya que desde muy temprano la historia del hombre se vio averiada y trastocada respecto a su orden natural divino original. Hubo una falta, hattit, que comportó una ruptura, pesá, en la relación personal del hombre con Dios. Esta falta produjo un debilitamiento moral en la naturaleza del hombre, una destrucción de la unidad original del proyecto humano, lo cual va ser causa del drama humano religioso, que se expresa como pecado-redención, esclavitud-liberación, pero que dicho drama, lejos de ser fatalista,como en el caso de los griegos, está abierto a la fe y a la hesed de Yahvéh.

     Así, dentro de esta historia de predilección y prueba, el hebreo experimentó la tensión dialéctica entre la obediencia y la libertad, entre el abandono y la promesa. La obediencia, como señala Fromm, es obediencia al padre, que representaba en el contexto patriarcal la autoridad, la razón, la conciencia, la ley, los principios morales y espirituales. Dios para el hebreo es la autoridad, es el legislador supremo, que a diferencia de otras culturas aquí la obediencia a Yahvéh es la negación de la sumisión a otro hombre, y así afirma y garantiza la independencia y la libertad del hombre.

     Para von Rad la visión antropológica de los hebreos no llegó a comprenderse en toda su medida, sino sólo a través de la fe singular en Dios. Siempre vio y pensó al hombre en función de esa relación con Dios, según su acercamiento o su alejamiento. De donde se infiere que el hombre que aparece en la literatura bíblica con todas las matizaciones semánticas propias de cada cultura no es el hombre en general, sino el hombre de la historia de Israel, inmerso en un mundo religioso de fe. Esta fe produjo una desmitologización absolutamente única, lo cual conllevó austeridad, soledad, aislamiento. Hechos comunes como la muerte, el lenguaje, el cuerpo, el corazón, y todas sus instituciones solo pueden entenderse en el contexto de su fe.

     Desde este contexto histórico religioso, reconociendo que el Antiguo Testamento es una preparación para el Nuevo Testamento, ¿en qué radica la esencia del hombre? La esencia del hombre no es el logos griego, ni la razón o el espíritu, ni tampoco es el rostro o el corazón, como señala Wolff, porque no se trata de una simple antropología física-cultural. Aquí, por el contrario, la esencia auténtica del hombre en relación a una antropología histórica salvífica está en ser "un nómada espiritual", "un caminar a", "una voluntad hacia", "un querer". Esta esencia surge de un desfondamiento espiritual tan sólo saciable en la promesa mesiánica.

CONCLUSION 

     Después de analizar ambos enfoques sobre la sabiduría, uno podría estar inclinado a pensar que existe una gran aproximación entre la sabiduría griega y la sabiduría hebrea, especialmente cuando constatamos que, sobre todo, los libros sapienciales dan muestra de evidente influencia de las categorías áticas.

     Sin embargo, desde el plano general de una antropología cultural las diferencias surgen en relación al hombre y a su mundo. En cuanto al hombre la antropología griega enfatiza la cabeza, la mente, el intelecto, las funciones superiores, el arte, las ciencias, pero sobre todo, la filosofía, la más noble y universal de todas las ciencias. En relación a esta concepción espiritual, la ética tiene como meta vivir de acuerdo a los más altos valores morales. En razón de todas estas cualidades el hombre se eleva por encima y es la medida de todas las cosas.

     Para el hebreo, en cambio, la cabeza y el intelecto no son las partes más importantes del ser del hombre, sino el corazón, leb. Es el órgano central y definitivo de la vida, es sede de los sentimientos, de los deseos y de los más altos pensamientos y en consecuencia de la sabiduría. Así, Yahvéh habla al corazón del hombre (no al intelecto) y pone su corazón en el corazón del hombre (Salm. 33,11 y Job 7,17).

     Pero la distancia entre ambas sabidurías se agiganta cuando se refiere al mundo religioso y a la esencia del hombre. Mientras para el griego el mundo del hombre es un mundo cerrado, natural y la esencia es una sustancia metafísica natural o el intelecto, nouV; para los hebreos el mundo es abierto, surge de una creación y culmina fuera del tiempo; la esencia del hombre bíblico adquiere toda su configuración en el contexto de la fe religiosa. La esencia es, por lo tanto, una experiencia existencial: "es un caminar teniendo la seguridad de una promesa, es un estar abandonado sabiendo que en el abismo de la soledad la hesed de Yahvéh está presente".